Los Grandes Sistemas de Riego y el Cambio Climático: Márgenes y Medidas de Gestión
CITAR EL ARTICULO:
HENDRIKS, Jan (2009) “Los Grandes Sistemas de Riego y el Cambio Climático: Márgenes y Medidas de Gestión”. Ponencia presentada en el Foro Nacional del Agua 2009. Lima.
Resumen ejecutivo
A escala nacional, el Perú tiene una gran abundancia de recursos hídricos. Sin embargo, esta disponibilidad se encuentra muy mal distribuida en el tiempo y espacialmente. La Vertiente del Pacífico (Costa peruana y estribaciones de cordillera) abarca el 22% del territorio nacional, alberga más del 65% de la población, pero solamente cuenta con el 1,8% de la disponibilidad total de agua del país. La Costa depende en gran medida de las descargas hídricas provenientes de la Sierra Occidental; en este sentido, debe tomarse en cuenta que en casi todos los ámbitos de la Sierra se presenta escasez de lluvias durante el periodo de marzo a noviembre, provocando problemas de disponibilidad de agua en la propia Sierra como también en ámbitos de la Costa.
De las aprox. 1´750.000 hectáreas con infraestructura de riego al nivel del país, 1´100.000 hectáreas se ubican en la Costa Peruana; de éstas últimas, sólo unas 850.000 ha son cultivadas efectivamente. De éstas, aprox. 625.000 ha se emplazan en la franja costera norte, desde Lima hasta la frontera con el Ecuador; el 94% de esta área agrícola forma parte de sistemas de riego con tamaño mayor a 10.000 hectáreas. Casi 500.000 ha cultivadas bajo riego se ubican en la zona costera al norte de la cuenca del río Santa, es decir, no reciben aporte hídrico proveniente de glaciares.
En la franja costera sur, desde Lima hasta la frontera con Chile, se encuentran cerca de 250.000 hectáreas cultivadas bajo riego. Aquí, los sistemas de riego tienen generalmente una envergadura menor: solamente 7 sistemas alcanzan un tamaño de 10.000 hectáreas (totalizando el 56% del área regada en la costa sur).
Está comprobado que en el último siglo se ha producido un proceso acelerado de calentamiento de la atmósfera al nivel mundial, y por lo tanto, también en el Perú. Esto está produciendo un cambio climático y una variabilidad climática que afectan los regímenes de precipitación, y consecuentemente, los regímenes hidrológicos de las cuencas. Además, está generando un retroceso de glaciares (en superficie y en volumen), proceso que en las próximas décadas implicará un leve incremento en el aporte hídrico de cuencas hidrográficas que albergan glaciares en sus cumbres, para luego reducirse dicho aporte en función de la merma o desaparición de estos cuerpos de hielo.
Hay indicios que el proceso de cambio climático global – y los efectos de éste sobre las circulaciones y condiciones atmosféricas – está produciendo una tendencia a que las precipitaciones en el norte del país se incrementen levemente, mientras que el nivel de precipitaciones en el sur del Perú y el Norte de Bolivia podría estar en un proceso de disminución (tanto los totales anuales como durante la temporada húmeda).
De confirmarse esta tendencia, los regímenes hidrológicos de las cuencas en el norte del país podrían contar con aguas algo más abundantes, sin que esto implique necesariamente una excesiva anomalía en las crecidas de los ríos durante las temporadas de lluvias. En general, se vería favorecida la disponibilidad de agua para -entre otros- los grandes sistemas de riego en la Costa Norte. Sin embargo, los sucesivos fenómenos de “El Niño” y de “La Niña” se seguiránpresentando, en forma errática pero siempre causando estragos, eventualmente exacerbados por una creciente variabilidad climática.
En cambio, la tendencia decreciente constatada en el régimen de precipitaciones en el Sur del país acentuaría la ocurrencia de sequías, y produciría efectos negativos en los regímenes hidrológicos en términos de la descarga hídrica en las distintas cuencas(2). Evidentemente, esto podría afectar seriamente la disponibilidad de agua para los distintos sectores de uso, entre los cuales están los numerosos pequeños y medianos sistemas de riego existentes en esta parte del país. En un escenario de esta índole, se hace aún más importante la permanencia de glaciares, los mismos que –mientras existan– no dejarán de aportar recurso hídrico en periodos de escasez o ausencia de lluvias.
Todos los sistemas de riego en el país experimentan un determinado grado de vulnerabilidad ante los pronósticos de cambio y de amenazas que se señalan líneas arriba. Quizás, los pequeños y medianos sistemas de riego – sobre todo aquellos que se ubican en (sub)cuencas hidrográficas de menor tamaño – están en mayor peligro de sufrir daños y pérdidas, tanto en su infraestructura hidráulica como en su función productiva.
Ante las posibles situaciones expuestas cabe responder con medidas diferenciadas a fin de hacer frente a los peligros y adaptarse a los cambios. De confirmarse las tendencias señaladas, los sistemas de riego en el norte del país requieren un afianzamiento de sus infraestructuras hidráulicas, así como el mejoramiento de la capacidad de evacuación y de drenaje de agua en los distintos cauces (naturales y artificiales), ante descargas hídricas destructivas que se presenten en las cuencas. Deberán intensificarse las medidas de conservación y protección en las cuencas medias y altas, a fin de menguar la erosión de suelos, así como la colmatación de embalses y redes de canales. Incentivar el uso integrado de aguas superficiales y subterráneas podrá constituir una solución – al menos parcial – ante la escasez de agua en los periodos de estiaje. Es menester adecuar las cédulas de cultivo ante la gran variación en la disponibilidad de agua entre época de crecidas y época de estiaje.
Ante el pronóstico de una menor disponibilidad de agua en el centro-sur y sur del país, deberá buscarse e implementarse las medidas más apropiadas para una mayor “cosecha de agua”, así como el incremento de la capacidad de almacenamiento de agua a todo nivel: cuenca, sistema y parcela. El mejoramiento de infraestructura hidráulica y afinamientos en la captación y distribución del agua podrán coadyuvar a que más agua llegue a su destino: la chacra y los cultivos. Estas y otras medidas son aún más relevantes, si tomamos en cuenta que la mayor parte de las cordilleras nevadas y glaciares se ubican en el centro y sur del país, donde, por lo tanto, se sentirá más los efectos de la desglaciación de estos cuerpos.
Para prácticamente todos los sistemas de riego en el país vale el hecho de que existe una medida que es la más eficaz contra la falta de disponibilidad del recurso hídrico: incrementar las eficiencias de riego(3). Considerando que la eficiencia global(4) de riego en la mayoría de los sistemas no supera el 35% a 40%, y que es posible alcanzar eficiencias promedios en el orden del 50% o más, aún con métodos de riego no presurizados, se presenta un tremendo margen para adaptarse a los probables cambios e incrementar la seguridad hídrica en los sistemas de riego.
Todo ello, nos remite a la madre del cordero: políticas, marcos normativos y asignación de recursos económicos que relacionen explícitamente la gestión del agua con la necesidad de adaptación al cambio climático. Se requiere apoyar fuertemente el desarrollo de conciencia, capacidades técnicas y de gestión en relación con el uso y manejo de sistemas de riego, con visión de cuenca, en un contexto de cambio climático. El fortalecimiento de las organizaciones de regantes se considera de crucial importancia para poder emprender en conjunto las tareas que nos esperan al respecto.
Palabras claves: Cambio climático; régimen hidrológico; desglaciación; sistemas de riego; medidas de adaptación.
1. Presentación
El presente artículo ha sido elaborado con ocasión del Foro Nacional5 “AGUA: Políticas, Conflictos y Consensos; nuevos retos, nuevos paradigmas” que se realizó los días 7 y 8 de Septiembre 2009 en la ciudad de Lima. Al referirse sobre todo a los grandes sistemas de riego en el Perú, el documento adquiere inevitablemente un sesgo de atención hacia las irrigaciones en la Costa Peruana, ya que los sistemas de riego en Sierra y Selva son en su gran mayoría de mucho menor tamaño que aquellos de la Costa. Existe un gran acervo de documentación sobre los temas de cambio climático, y en menor grado sobre la situación y problemática de los sistemas de riego. Sin embargo, existe poca literatura en la cual se establece una relación entre ambos temas. Ello, junto al hecho que muchas estadísticas respecto los sistemas de riego en el Perú resultan desactualizadas o virtualmente inexistentes (caso de Sierra y Selva), hacen que varios datos presentados en el presente artículo puedan ser inexactos. Esto nos remite a la urgente necesidad de realizar mayores esfuerzos de investigación sobre la agricultura regada en el Perú, así como la actualización de las bases de datos disponibles, con cobertura nacional(6).
2. Recursos Hídricos en el Perú
2.1 Disponibilidad de Agua
La disponibilidad de agua en el Perú fluctúa enormemente entre los años, entre las temporadas del año, así como entre los distintos territorios y lugares. La principal fuente directa que determina la disponibilidad de agua dulce son las precipitaciones, y evidentemente éstas se comportan en función del clima, es decir, sumamente variable.
El cuadro 1 demuestra la disponibilidad promedio anual de agua en las tres vertientes hidrográficas del país, sumando un total de 2.045 kilómetros cúbicos por año7 . Este aporte hídrico discurre por un total de 1.007 ríos que se ubican en las 159 unidades hidrográficas (“cuencas”) del país (fuente: ANA, 2009).
Tal como se aprecia en el cuadro anterior, la distribución de la disponibilidad de agua resulta sumamente desigual en términos espaciales: la vertiente del Pacífico (22% del territorio nacional) donde vive el 65% de la población peruana, solamente cuenta con el 1,8% de la disponibilidad total de agua del país.
Las reservas de agua dulce están principalmente en los lagos y lagunas naturales, en las represas artificiales, en los acuíferos subterráneos y en los glaciares. En general, estas reservas son relativamente ínfimas, si las comparamos con la disponibilidad de agua en los ríos. Según el Inventario Nacional de Lagunas realizado por la ONERN8 en 1980, el Perú cuenta con 12.201 lagunas, que suman un volumen total de aprox. 7.000 MMC; de ellas, al año 1980 un número de 186 estaba en explotación, equivalente a una capacidad de regulación de aprox. 3.000 MMC.
Las grandes represas construidas por el Estado en la segunda mitad del siglo pasado (1950 – 2000) se ubican casi exclusivamente en la vertiente del Pacífico(9) y suman una capacidad neta de embalse que está en el orden de los 3.500 MMC.
Los acuíferos de aguas subterráneas de mayor potencial se ubican en la costa, con una reserva explotable anual estimada en 2.700 MMC. De ello, actualmente se aprovecha un volumen promedio de aprox. 1.500 MMC/año (ANA, 2009).
Las reservas de agua dulce contenidas en los glaciares de las 20 cordilleras en el Perú suman un volumen que presumiblemente está en el orden de los 40.000 MMC(10) . Desde hace décadas, el retroceso de dichos glaciares arroja un balance de masa negativo(11), por lo cual anualmente unos 1.000 – 1.600 MMC de agua deben estar agregándose a la circulación de aguas en el territorio peruano.
2.2 Demanda de Agua
Se estima que el uso consuntivo total anual de agua en el Perú (20,072MMC/año) es en promedio sólo el 1% de la disponibilidad total (2´046.287 MMC/año). En la vertiente del Titicaca y sobretodo en la vertiente del Atlántico, la proporción de la demanda consuntiva de agua en relación con la oferta hídrica resulta aún menor (ver cuadro 3). En cambio, en la vertiente del Pacífico una parte considerable del agua disponible es usada para fines productivos (riego), agua potable y otros.
La aparente abundancia de agua en el país resulta ser un supuesto muy engañoso. Pues, gran parte de la Sierra peruana y Ceja de Selva forman parte de la vertiente del Atlántico, y es sabido que estos espacios sufren a menudo una notoria escasez de agua, particularmente en las temporadas de estiaje. Por otro lado, en la Selva amazónica las precipitaciones alcanzan valores de hasta 4.000 mm/año, pero las descargas hídricas apenas pueden ser aprovechadas para uso consuntivo. Así, por ejemplo, la cobertura poblacional de servicios de agua potable en la parte amazónica es la más baja del país (en el orden de tan solo el 40%. (12).
En la vertiente del Pacífico, el uso consuntivo de agua alcanza a casi la mitad de la disponibilidad promedio. Aquí, las descargas de agua en los ríos se concentran entre los meses de diciembre y marzo, a consecuencia de los escurrimientos que producen las lluvias en la parte occidental de la Sierra durante esta temporada. El resto del año, los ríos que atraviesan la costa reducen considerablemente su caudal, en su mayoría sin poder satisfacer las demandas de agua; menos aún, para mantener el suficiente caudal ecológico.
El cuadro 4 presenta los volúmenes anuales de agua que absorben los distintos sectores de uso en el país. La agricultura regada es el sector que más agua demanda: en el orden del 80% de la demanda consuntiva total. El menor porcentaje de demanda se registra en el sector minero. Sin embargo, debe tomarse en cuenta que una considerable parte de la actividad minera se localiza en zonas de poca disponibilidad de agua (flancos occidentales de la Sierra), lo cual a menudo constituye un factor importante en cuanto a competencia local por el agua.
3. Agricultura Regada y Sistemas de Riego en el Perú
3.1 Agricultura Regada
El Perú es un país geográficamente muy accidentado, razón principal por la cual la superficie agrícola ocupa solamente el 4,3% de su territorio, totalizando aprox. 5´500.000 hectáreas en condición de ser cultivadas, de las cuales 3´750.000 hectáreas en secano y 1´750.000 ha con infraestructura riego (Huamanchumo et. al., 2008). Estas tierras son trabajadas por un universo de cerca de 2 millones de productores agrarios (familias, medianas empresas agrícolas, etc.). Una considerable parte de estos productores (69%) se ubica en zonas de sierra, a veces en condiciones de extremo minifundio y pobreza. Ver Cuadro 5:
En la vertiente del Pacífico, el uso consuntivo de agua alcanza a casi la mitad de la disponibilidad promedio. Aquí, las descargas de agua en los ríos se concentran entre los meses de diciembre y marzo, a consecuencia de los escurrimientos que producen las lluvias en la parte occidental de la Sierra durante esta temporada. El resto del año, los ríos que atraviesan la costa reducen considerablemente su caudal, en su mayoría sin poder satisfacer las demandas de agua; menos aún, para mantener el suficiente caudal ecológico.
El cuadro 4 presenta los volúmenes anuales de agua que absorben los distintos sectores de uso en el país. La agricultura regada es el sector que más agua demanda: en el orden del 80% de la demanda consuntiva total. El menor porcentaje de demanda se registra en el sector minero. Sin embargo, debe tomarse en cuenta que una considerable parte de la actividad minera se localiza en zonas de poca disponibilidad de agua (flancos occidentales de la Sierra), lo cual a menudo constituye un factor importante en cuanto a competencia local por el agua.
La gran variedad de climas y zonas ecológicas en el Perú permite la producción de una amplia gama de cultivos, en las zonas de Costa, Sierra y Selva. Pero es sobretodo la agricultura irrigada en la Costa – totalmente dependiente del agua de riego – que imprime un particular dinamismo en el sector. Actualmente (2009), el producto bruto agrícola está en el orden de los USD 11.000 millones por año(13) (7.6% del PBI). Por lo tanto, no es de sorprender que la mayor parte de la infraestructura de riego – el 68% del total del país – se encuentre en la costa peruana.
Sin embargo, a pesar de las inversiones estatales y privadas realizadas, las áreas regadas y sistemas de riego han seguido sufriendo un considerable deterioro, por falta de mantenimiento y reinversión en la infraestructura, por mal manejo de los sistemas (falta de drenaje; procesos de empantanamiento y salinización, etc.). El cuadro 6 da una idea del aprovechamiento sub-óptimo de la infraestructura de riego disponible en el país; se trata de datos del año 1995, y reflejan una problemática que persiste hasta la actualidad, aún con el tiempo transcurrido.
3.2 Los Grandes Sistemas de Riego
En principio, existe interdependencia hidrológica entre todos los sistemas de uso de agua que se ubiquen en una misma cuenca hidrográfica; sin embargo, normalmente esto no se refleja en términos de gestión, por lo cual cada sistema es manejado con relativa o total autonomía por la entidad a cargo de su operación. Esto es también el caso en la gran mayoría de los sistemas de riego.
Existen distintas formas de enfocar el concepto “sistema de riego”. En el presente artículo se entenderá por Sistema de Riego un territorio regado en el cual usuarios comparten una misma fuente principal de agua, a través de uno o más canales que son directamente interdependientes (red) en términos de operación y mantenimiento de la infraestructura hidráulica y/o la administración de los servicios de distribución de agua. No existe una clasificación única en cuanto a tamaño de sistemas de riego. En el caso de Bolivia, el PRONAR(14) usaba las siguientes categorías:
La realidad socio-geográfica del Perú es distinta, por lo cual sobretodo las categorías “mediano” y “grande” tienen una connotación de mayor dimensión que aquella clasificación usada en Bolivia. Para efectos del presente artículo, se denominará “grande” a aquellos sistemas de riego en el Perú cuya infraestructura hidráulica cubre un área regable de 10.000 hectáreas o más.
Existen miles de sistemas de riego en el país; hasta la fecha, ninguna institución lleva un inventario pormenorizado y consolidado de todos ellos15. Sin embargo, se sabe que en la Sierra predominan los pequeños sistemas. Normalmente, éstos captan sus aguas de manantes, quebradas o pequeños cauces, por lo cual tienden a ubicarse de forma muy dispersa en el territorio, en vez de configurar una secuencia de sistemas a lo largo de un río mayor. Pues, la geomorfología de la Sierra condiciona a que en este territorio los ríos – al adquirir éstos un mayor tamaño – calan su recurrido en cañones o valles profundos, en cuyas laderas empinadas no se emplaza mucha superficie irrigable, salvo excepciones (16).
Distinta es la situación en la Costa, cuyos valles precordilleranos, deltas fluviales y planicies desérticas cubren extensas áreas relativamente planas, constituyendo tierras con regular hasta buena aptitud para riego. Es en estos territorios, donde es posible configurar infraestructuras hidráulicas, redes de canales y áreas irrigables colindantes de mayor dimensión; en otras palabras, es aquí donde se logran emplazar los grandes sistemas de riego, en la medida que exista el suficiente recurso hídrico.
En efecto, en el cuadro 7 (17) se puede apreciar que en la Costa Norte (más precisamente, en el territorio costeño desde el norte de Lima hasta la frontera con Ecuador) existen más de 20 sistemas de riego que tienen un tamaño superior a 10.000 hectáreas; en conjunto, suman casi 600.000 hectáreas y constituyen el 94% del área agrícola regada en la Costa Norte.
En la Costa Sur del Perú la situación es algo distinta: aquí, solamente 7 sistemas de riego alcanzan un tamaño mayor a 10.000 hectáreas. En conjunto, éstos suman algo más de 130.000 hectáreas (54%) del total de 233.500 hectáreas irrigadas que se registran en esta parte del país. Esta menor magnitud, tanto en área regada como en tamaño de los sistemas de riego, se debe a una variedad de factores. Entre otros, el territorio costero sur tiene en promedio una morfología algo más accidentada y con planicies menos extensas que en el norte. Por otro lado, la mayoría de los ríos en el sur aportan un menor caudal promedio que en la costa norte del país, lo cual incide fuertemente en la disponibilidad de agua para riego. Pues, en general, las cordilleras aportantes y estibaciones de montaña en el sur tienen un clima relativamente más seco que aquellas de la costa norte, particularmente en la vertiente del Pacífico.
(*) «Sistema de Riego» entendido aquí como un conjunto de unidades territoriales, usuarios y canales que usan una misma fuente principal de agua, con interdependencia directa en términos de operación, mantenimiento y administración de la infraestructura hidráulica (principal) presente, así como en torno a la distribución del agua.
Fuente: recopilado a partir del cuadro «Avance de la declaración de intención de siembra al 28 de Octubre del 2004», Campaña Agrícola 2004-2005, y del Informe Final Programa PES 2000-2001. Programa Subsectorial de Irrigación (PSI). Nota: cifras de área bajo riego y Nº de usuarios redondeadas a 100 unidades (+/-). (**) Comunicación verbal con directivos del P.E. Chavimochic (2008).
3.3 Importancia de Glaciares para los Sistemas de Riego
Los glaciares producen derretimiento de sus cuerpos de hielo durante casi todo el año; por lo tanto, también durante las temporadas de estiaje son proveedores de cierto caudal a los cursos de agua. Este aporte hídrico resulta aún más relevante – hasta determinante, en algunos casos – cuando los periodos de ausencia de lluvias son más acentuados y el caudal de otras fuentes de agua se haya reducido o agotado. Por otro lado, debe tomarse en cuenta que en la época de estiaje se suelen alcanzar mayores eficiencias de captación hacia los sistemas de uso de agua, en comparación con los periodos de fuerte descarga hídrica. De esta manera, el agua disponible por escurrimiento de agua desde glaciares – y que no haya infiltrada al suelo o evaporada – puede ser casi enteramente captada para su uso consuntivo (agua potable; riego; etc.) o no consuntivo (hidroeléctricas, piscigranjas). De lo anterior se deduce la enorme importancia que tiene la presencia de glaciares en una cuenca en tanto genera un efecto estabilizador y regulador del régimen hidrológico (ver figura 1), y por ende, como factor de disponibilidad de agua también para el riego de cultivos en época de estiaje. Literalmente, se trata de verdaderos reservorios estacionales, que almacenan sus aguas en estado de hielo.
Figura 1. Efecto regulador del aporte glaciar sobre el régimen hidrológico de una cuenca
La importancia de un glaciar como “regulador hídrico” depende de la proporción de cobertura glaciar que tiene cada cuenca, el régimen pluvial en las distintas altitudes, así como de los factores que determinan el proceso de desglaciación: mayormente, el balance de masa (inducido por variables climáticas) y las características topográficas del glaciar (pendiente, morfología del lecho rocoso, etc.)(18). Esto hace que se presentan situaciones muy diversas en las distintas partes del país con respecto a la presencia e influencia de glaciares sobre la disponibilidad de agua en grandes sistemas de riego, aspecto que será abordado con más detenimiento en la sección 4.4.
4. Cambio Climático y Regímenes Hidrológicos
El clima siempre es cambiante. En ello, la interacción entre temperatura, humedad, precipitación, flujo del aire (vientos), radiación solar y evaporación son factores claves que determinan en gran medida el comportamiento del ciclo hidrológico, y particularmente, el régimen de descarga hídrica de una cuenca. Por lo tanto, la preocupación no está en las variaciones climáticas en sí, sino en las fuertes anomalías que se presenten en éstas, particularmente desde el último siglo. El IPCC (19) ha señalado que existe definitivamente una relación inequívoca entre el incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) (20) en la atmósfera y el incremento de la temperatura promedio en el mundo. En la figura 2 se aprecia que durante al menos los últimos 400,000 años la concentración de CO2 se ha mantenido entre aprox. 200 – 280 ppm, cifra que a partir del siglo IXX (inicio de la era industrial) empieza a incrementarse, hasta alcanzar una concentración por encima de los 380 ppm en la actualidad. Se constata una relación directa entre estas concentraciones atmosféricas de CO2 y la variación de la temperatura promedio en el mundo; durante el siglo XX esta temperatura media mundial ha aumentado en aprox. 0.6 ºC (± 0.2). Indudablemente, esta variación estructural tiene efecto sobre el comportamiento de las circulaciones atmosféricas y de las aguas marinas, y por ende sobre los ciclos hidrológicos y regímenes de descarga hídrica de las cuencas.
Figura 2. Tendencia histórica en la concentración de CO2 y temperatura atmosférica
Fuente: UNEP/GRID-Arendal, ‘Historical trends in carbon dioxide concentrations and temperature, on a geological and recent time scale’, UNEP/GRID-Arendal Maps and Graphics Library, June 2007.
4.1 Cambio Climático y Variabilidad Climática
La variabilidad climática se define como el rango de valores que el clima puede asumir en un lugar particular a lo largo del tiempo. Normalmente, la variabilidad climática es una característica inherente al sistema climático natural. Sin embargo, se reconoce que la variabilidad climática puede exacerbarse a consecuencia del calentamiento global (21). La oscilación en la temperatura superficial de las aguas en el Océano Pacífico y su interacción con la atmósfera circundante y atmósfera global (fenómeno ENSO: “El Niño” South Oscillation) cabe dentro de la definición de variabilidad climática, aunque algunos afirman de que su comportamiento ya estaría alterándose a consecuencia del cambio climático.
La United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC) define el cambio climático como un cambio estructural del clima que se atribuye directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera global, y que se produce en forma adicional a la variabilidad natural del clima observada en periodos de tiempo comparativos(22). El incremento de temperatura en la atmósfera de la tierra (calentamiento global) es un fenómeno que corresponde a la definición de cambio climático.
El cambio climático y la variabilidad climática producen alteraciones en el régimen de precipitaciones en el Perú (y zonas trópicas aledañas), en las descargas hídricas que se generan a partir del escurrimiento de las aguas que precipitan al suelo y por lo tanto, también en los regímenes hidrológicos de las cuencas hidrográficas. Ello, adicionalmente a los cambios hidrológicos provocados por otras causas naturales o antrópicas: pérdida de suelos por erosión, sobrepastoreo, deforestación, etc.
4.2 Cambios Estructurales en los Patrones de Precipitación
Hay indicios que el proceso de cambio climático global – y los efectos de éste sobre las circulaciones y condiciones atmosféricas – está produciendo una tendencia a que las precipitaciones en el norte del país se incrementen levemente, mientras que el nivel de precipitaciones en el sur del Perú y el Norte de Bolivia podría estar en un proceso de disminución (tanto los totales anuales como durante la temporada húmeda)(23).
De confirmarse esta tendencia, los regímenes hidrológicos de las cuencas en el norte del país podrían contar con aguas algo más abundantes, sin que esto implique necesariamente una excesiva anomalía en las crecidas de los ríos durante las temporadas de lluvias. En general, se vería favorecida la disponibilidad de agua para – entre otros – los grandes sistemas de riego en la Costa Norte.
En cambio, la tendencia decreciente constatada en el régimen de precipitaciones en el Sur del país acentuaría la recurrencia de las sequías, probablemente también la ocurrencia e intensidad de las heladas y produciría efectos negativos en los regímenes hidrológicos en términos de la descarga hídrica en las distintas cuencas. Evidentemente, esto podría afectar seriamente la disponibilidad de agua para los distintos sectores de uso, entre los cuales los numerosos pequeños y medianos sistemas de riego existentes en esta parte del país. En un escenario de esta índole, se hace aún más importante la permanencia de glaciares, los mismos que – mientras existan – no dejarán de aportar recurso hídrico en periodos de ausencia de lluvias.
4.3 Extrema Variabilidad en Precipitación y Descarga Hídrica
Tal como fue señalado en el acápite 4.1, la oscilación en la temperatura superficial de las aguas en el Océano Pacífico y su interacción con la atmósfera circundante y atmósfera global (fenómeno ENSO: “El Niño” South Oscillation) cabe dentro de la definición de variabilidad climática. No se tiene todavía evidencia determinante que su ocurrencia e intensidad estaría en relación con el cambio climático actual, pues las referencias respecto este fenómeno tienen una data más larga que la constatación del calentamiento global.
Si bien la frecuencia con que se manifiesta el fenómeno resulta muy irregular (entre cada 1 a 12 años) (24), en el siglo XX ocurrieron al menos tres “Niños” mayores: 1924/25, 1982/83 y 1997/98. Durante el último Niño, las precipitaciones en la costa norte alcanzaron una magnitud 10 veces mayor que el promedio normal (2.000 mm versus 200 mm)(25). El río Piura se convirtió en un torrente con caudales de hasta casi 5.000 m3/s, es decir, unas cien veces más que su régimen normal durante las temporadas húmedas. Los sucesivos “Niños” – particularmente el de 1997/98 – han demostrado tener una capacidad muy destructiva sobre el territorio y las infraestructuras (viales; hidráulicas; etc.).
El alcance territorial del fenómeno de “El Niño”, así como de sus estragos, tiene un carácter algo errante. En el caso del Perú, se presenta normalmente con más fuerza en el extremo norte del país, aunque en 1997/98 ocasionó también serias inundaciones en el departamento de Ica, entre otros dañando infraestructura de riego.
4.4 Proceso de Desglaciación y su Incidencia en Sistemas de Riego
El Perú alberga más del 70% (aprox. 2.000 km2) de la superficie total de los glaciares tropicales en el mundo (estimada en 2.750 km2). En las últimas décadas, las investigaciones sobre el comportamiento de dichos glaciares se han intensificado, incentivado por la preocupación con respecto al fuerte retroceso de estos cuerpos hídricos; retroceso que se relaciona directamente con el cambio climático (aumento estructural de la temperatura en la atmósfera), y agravado en periodos de presencia de los fenómenos de “El Niño” y “La Niña” (26). El siguiente cuadro presenta datos recientes sobre el ritmo de retroceso de la superficie glaciar en la Cordillera Blanca.
| Año | Superficie Glaciar (km2) | Retroceso con respecto a 1970 ( % ) | Ritmo promedio de retroceso anual | Retroceso total en 23 años ( % ) |
|---|---|---|---|---|
| 1970 | 723 | – | – | 26% |
| 1997 | 611 | 15.5% | 0.6% | |
| 2003 | 535 | 12.4% | 4% |
Fuente: comunicación de Marco Zapata, Unidad de Glaciología, Huaraz (2008)
En general, la magnitud del retroceso de glaciares en los Andes es estimada en 400 – 600 mm equivalente de agua por año (w.e./year) para los glaciares “grandes”, y 1.000 – 1.300 mm equivalente de agua por año en el caso de los “pequeños” glaciares (27). Sin embargo, más allá de algunas estimaciones de carácter relativamente informal, hasta la fecha no se han realizado muchos estudios respecto la incidencia de este retroceso en los regímenes hidrológicos de las distintas cuencas del país, ni sobre la capacidad reguladora de los glaciares respecto la disponibilidad estacional de agua, particularmente para (grandes) sistemas de riego.
Debe tomarse en cuenta que los glaciares “sueltan” (28) – con fluctuación estacional – un volumen de recurso hídrico equivalente a la masa acumulada de nieve/hielo recibida por las precipitaciones; ello, en caso de equilibrio en el balance de masa (“ablación nominal”). A esto debe agregarse el volumen adicional de agua generado por pérdida estructural de masa glaciar (retroceso glaciar) que se está produciendo a causa de cambio climático, y cuya magnitud está señalada en el párrafo anterior. Entonces, el régimen de aporte hídrico de un glaciar es constituido por la superposición (suma) de estos dos procesos, es decir, por el derretimiento “nominal” y por retroceso glaciar.
Figura 3. Ubicación de las Cordilleras Nevadas en el Perú
En términos gruesos, y basándose en la información disponible sobre superficies glaciares en el Perú, así como por las aproximaciones que se han realizado respecto la magnitud de las pérdidas en los balances de masa glaciar (ver arriba), el autor estima que el aporte hídrico total de los glaciares en el Perú podrá estar en el orden de los 2.000 – 3.000 MMC/año, es decir, equivalente al 10 – 15 % de la demanda consuntiva de agua en el país (ver cuadros 2, 3 y 4). Presumiblemente, la mitad de esta “producción de agua” se origina por el proceso nominal de derretimiento (en balance con el input de precipitaciones sobre el glaciar), mientras el autor asume que la otra mitad es a consecuencia de los procesos de retroceso glaciar. Dependiendo de la altitud y del régimen de temperatura ambiental en cada zona glaciar, una considerable proporción de estos aportes de agua se estaría produciendo en la época de estiaje (abril – noviembre), periodo crítico para – entre otros – la provisión de agua a los (grandes) sistemas de riego.
Tal como ya se mencionó en el acápite 3.3, se presentan situaciones muy disímiles en el país con respecto a la presencia e influencia de glaciares sobre la disponibilidad de agua en (grandes) sistemas de riego. Evidentemente, existe una estrecha relación con la ubicación geográfica de las distintas cordilleras nevadas en el país: ver figura 3.
En la parte septentrional de la Costa Norte del Perú, a excepción del área de influencia del proyecto Chavimochic29, ninguno de los sistemas de riego al norte del río Santa – totalizando un área registrada bajo riego de más de 472.400 ha(30) – cuenta con alimentación hídrica desde glaciar alguno, por lo cual en esta parte del país el régimen de disponibilidad de agua para riego depende exclusivamente del comportamiento pluvial en las respectivas cuencas, así como de la capacidad de almacenamiento que se haya podido instalar mediante la construcción de embalses artificiales (Poechos, San Lorenzo, Tinajones, Gallito Ciego).
En cambio, la influencia de los glaciares de la Cordillera Blanca sobre el régimen hidrológico de la cuenca del río Santa debe considerarse notoria: normalmente, este río logra mantener un aporte hídrico promedio por encima de los 25 m3/s (ver figura 4), aún en época de estiaje de años muy secos. Este hecho es de suma relevancia tanto el aprovisionamiento de agua a varios sistemas de primera importancia: la central hidroeléctrica del Cañón del Pato (capacidad instalada: 263 Megawatt), el sistema de irrigación Chavimochic, las irrigaciones Irchim y Santa-Lacramarca, y el Proyecto Especial Chinecas. En ello, debe tomarse en cuenta que la extensión glaciar de la Cordillera Blanca está (todavía) en el orden de los 500 km2 (la cuarta parte de la superficie glaciar actual en el Perú), y cuyos flancos están expuestos en aprox. un 70% hacia la cuenca del río Santa. El aporte de agua desde estos glaciares occidentales de la Cordillera Blanca no solamente es importante para el régimen hidrológico del río Santa, sino también para los múltiples (pequeños) sistemas de riego en el Callejón de Huaylas que reciben agua directamente desde los afluentes que discurren a mayor altitud, antes de confluir con el río Santa.
Figura 4. Régimen hidrológico del río Santa
